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Nada mas libre que ser lo que vos quieras ser

Cada vez que pienso en el concepto de libertad, le doy incontables vueltas y siempre llego a la misma conclusión: la única condición indispensable para ser realmente libre es la educación. No hay otra vía para alcanzar la libertad que el conocimiento, el entender cuáles son las fuerzas que ocupan los espacios decisivos en la sociedad. Mientras asistimos a un discurso dominante que sostiene que la libertad radica en la reducción del Estado a su mínima expresión, yo sigo sosteniendo que es precisamente el Estado quien debe garantizar las condiciones mínimas para el desarrollo de cada persona. ¿Que en los últimos años el Estado no ha cumplido cabalmente con este rol? En parte coincido, pero lo veo más como una cuestión de servicios deficientes o mal implementados, más que como una falta absoluta. Esto, en última instancia, nos ha llevado a la situación crítica en la que nos encontramos hoy.


La universidad pública en Argentina es una conquista histórica que refleja el compromiso que tuvo la sociedad con el acceso equitativo al conocimiento. En un contexto marcado por las desigualdades sociales y económicas, esta institución no solo forma profesionales, sino que se erige como un espacio donde se materializan principios de inclusión y justicia social. Cuando uno recorre los pasillos de una universidad pública, lo que se observa no es simplemente la transmisión de conocimiento teórico o técnico, sino la convivencia de mundos antagónicos. El hijo de un obrero o el pibe que vive en una villa puede estar sentado junto al hijo de un empresario. Esa es la verdadera magia de la educación pública: la mixtura de clases, el encuentro entre realidades que, fuera de este ámbito, rara vez ocurran. Quizá si se crucen en algún momento de la vida ese hijo de obrero y ese hijo de empresario, pero seguramente uno sea empleado del otro. Dentro del aula están todos sentados a la misma altura, todos tienen que leer los mismos textos y responder las mismas preguntas. Esta convivencia no solo enriquece la experiencia formativa en sí, sino que siembra las bases para una sociedad un poco más consciente y solidaria. Es en este intercambio, a veces silencioso, donde germinan las ideas más transformadoras, donde las desigualdades estructurales se hacen visibles y, al mismo tiempo, se vislumbran instancias de integración que no se darían en otro ámbito.


En este sentido, la universidad pública trasciende su rol tradicional de transmisora ​​de conocimiento técnico o teórico. Se convierte en un actor clave en la configuración del tejido social, al posibilitar un diálogo entre diferentes clases y contextos. La riqueza de la universidad pública radica en la multiplicidad de voces que coexisten en ella, lo cual permite no solo la transferencia de saberes, sino también la posibilidad de cuestionar y repensar las estructuras sociales vigentes. La universidad pública se convierte así en un espacio donde no solo se forma a futuros profesionales, sino también a ciudadanos con capacidad crítica.


Además, la educación pública en Argentina ha demostrado ser un motor de movilidad social. Para muchas familias, la universidad es la puerta de entrada a un mundo de posibilidades que de otra manera estaría cerrada. Es el espacio donde, por primera vez, alguien puede pensar en lo que quiere ser sin las limitaciones impuestas por su origen. Es, en ese sentido, una de las herramientas más poderosas que tenemos para generar igualdad real y concreta en una sociedad tan marcada por las diferencias. Porque no hay mayor libertad que la de elegir quien ser, y eso solo es posible cuando todos tienen las mismas oportunidades.


El rol situado de la universidad pública argentina es crucial. No actúa de manera aislada de su contexto, sino que responde a las necesidades y demandas de la comunidad, generando conocimiento y propuestas que impactan de forma directa en el desarrollo local y nacional. Esto la posiciona como un agente indispensable para el progreso social y económico del país. A diferencia de las concepciones liberales que tienden a considerar los servicios públicos como un "gasto", la inversión en educación, particularmente en la educación superior, ha demostrado ser una de las palancas más efectivas para promover el crecimiento. Países con altos niveles de desarrollo han logrado sostener su avance a través de una inversión robusta en educación, ciencia y tecnología, evidenciando que el crecimiento y la equidad social están intrínsecamente vinculados a la formación de capital humano calificado. Este tipo de inversión no solo impulsa el crecimiento económico, sino que contribuye a la creación de una ciudadanía más crítica y participativa.


Asimismo, la educación pública superior argentina ha sido un bastión de resistencia frente a los embates del neoliberalismo, que en diversas ocasiones intentó desmantelar su financiamiento y limitar su acceso. Los intentos por concebir a la educación como un bien de mercado y no como un derecho social han sido persistentes, pero también lo ha sido la defensa por parte de amplios sectores sociales y académicos. La universidad pública, además, ha demostrado ser fundamental en momentos críticos de la historia argentina, tanto durante los procesos de democratización como en las respuestas a las crisis sociales y económicas que ha enfrentado el país.


Defender la universidad pública es, entonces, defender no solo el derecho a la educación, sino el derecho a soñar y a construir un futuro mejor. Sin una universidad pública fuerte, accesible y de calidad, el futuro de Argentina estaría en manos de unos pocos, en manos de los mismos de siempre, y las brechas de desigualdad seguirían ampliándose. Por lo tanto, el fortalecimiento de la universidad pública es esencial para asegurar que el futuro de Argentina no esté condicionado por las brechas sociales, sino que se construya sobre la base de un acceso amplio y democrático al conocimiento. Sin una universidad pública de calidad, el riesgo de que el acceso a la educación sea monopolizado por las élites se acrecienta, lo que perpetuaría las desigualdades existentes. La universidad pública es, en este sentido, un espacio donde se materializa la idea de ciudadanía plena, donde el derecho a la educación se ejerce en igualdad de condiciones. No es simplemente una herramienta para la inserción laboral, sino un espacio de construcción social y cultural que contribuye a una sociedad más equitativa y cohesiva.


En conclusión, la universidad pública es mucho más que una institución educativa; es la estructura clave para el desarrollo social y económico del país, un espacio de inclusión y movilidad social, y un actor estratégico para la transformación de las realidades de cada uno. Su defensa y fortalecimiento no solo son necesarios para asegurar el acceso al conocimiento, sino también para sostener un proyecto de país que priorice la igualdad de oportunidad.


No sería absolutamente nada sin la universidad pública, gratuita y de calidad, así como la universidad pública no sería absolutamente nada sin todos nosotros que la defendemos y la vamos a defender cada vez que la quieran atacar y desfinanciar.


La única posibilidad de garantizar las mismas oportunidades para todos es con universidad gratuita y de calidad.


Tanto que te gusta la libertad, no hay nada mas libre que puedas ser lo que vos quieras.


Ni de zurdo, ni de peronista ni de kirchnerista, de argentino.

 

 

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